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La luz tarda unos segundos en llegar...

Hay una hora del día en la que mis pensamientos se sienten más reales que nunca. No es la noche. No es el mediodía. Es el momento exacto en el que abro los ojos.


Me está pasando que me estoy levantando con pensadera. O con ansiedad —no sé— pero con un millón de ideas y pensamientos en la cabeza. Y qué pasa… esos pensamientos se vuelven e-mo-cio-nes. Sí, señores. Emociones completas y eso que, no ha salido el sol.


Me levanto y es como que quiero decir mil cosas.

Mandar un mensaje.

Abrir una conversación.

Tomar una decisión.


Perooooo… por alguna razón me detengo y no lo hago.


Y con el mantra de “ante la duda abstente”, me quedo así. En pausa. Me siento. Bostezo. Me rasco los ojos. Y en esas me acuerdo que no han pasado más de cinco segundos desde que me levanté.


En esa franja silenciosa entre la noche, el sueño y la rutina, todo se siente más vivo que nunca. Un deseo parece más profundo. Una duda parece más urgente. Un mensaje que había decidido no enviar, de repente quiere salir y es ya. Como si no hubiera mañana. Puede ser laboral, sentimental, existencial, coloquial o educacional.


Con los días empecé a preguntarme si era yo... o si había algo de biología. Y yo con esa duda no me iba a quedar.


El CAR y el despertar

Hay un fenómeno conocido como el "cortisol awakening response" (CAR), o respuesta del cortisol al despertar. El cortisol es una hormona reguladora del metabolismo y del ritmo circadiano (reloj biológico). También participa en la respuesta al estrés y en alertar al cuerpo ante el peligro. Suele alcanzar sus niveles más altos en la mañana (si alguna vez se han medido el cortisol en sangre, la prueba la toman a las ocho de la mañana, aunque el pico máximo depende del ritmo individual).


El cortisol, además de regular la presión arterial y el ciclo sueño-vigilia, tiene una función muy concreta: nos despierta. Nos activa. Nos pone en marcha. Por eso, cuando este se eleva en momentos inadecuados, puede hacer que nos cueste dormir, mantener el sueño o que nos despertemos antes de tiempo.


El cortisol aumenta naturalmente durante los primeros 30 a 45 minutos después de abrir los ojos. Por eso existe la recomendación, aún debatida, de no tomar café en la primera media hora después de despertar porque su efecto puede superponer la función del cortisol. Pero esa es otra conversación.


Mientras tanto, en esos primeros segundos o minutos al despertarnos, seguimos saliendo del estado hipnopómpico -la transición entre el sueño y la vigilia. En esos momentos, la experiencia se puede sentir más intensa, más vívida. La corteza prefrontal, encargada del juicio racional y de la regulación emocional, todavía no está en su máxima eficiencia.


Y entonces pasa algo curioso: sentimos más de lo que podemos pensar con claridad.


Entonces, ¿qué hacer con todos esos pensamientos?

Tal vez no es que no deba decirlo todo a las 5:03.

Tal vez no es que esté reprimiendo algo importante.

Tal vez mi sistema nervioso todavía se está despertando.


Fue ahí donde entendí que aprender a hablar no es solo decir lo que pienso en el momento exacto en el que lo pienso. Que, por si acaso, quizá sea mejor esperar. Porque hablar también implica conocer cuándo mi emoción es claridad, y cuándo mi sistema nervioso está todavía despertando.


No se trata de ignorar lo que siento. Se trata de darle contexto.


Entonces, ¿qué hacer con esos primeros minutos?


No se trata de apagar la mente, sino de acompañarla. Si mi cuerpo está despertando, si el cortisol está subiendo, si la corteza prefrontal está recibiendo el turno, entonces no es el mejor momento para decidir algo importante.


Y empecé a hacer algo simple: seguir mi rutina. Sentir dónde estoy. Respirar antes de hablar. Abrir la ventana. Respirar aire fresco. Esperar a que el café sea una elección, no un impulso. Y lo más importante, me doy margen. Porque empezar el día con claridad no significa empezar reaccionando. Significa empezar regulada.


Hay pensamientos que necesitan acción. Pero hay otros que solo necesitan luz.

Y la luz, generalmente, tarda más de cinco segundos en llegar.


Este texto se inspira en experiencias, aprendizajes, y en hallazgos estudiados en neurociencia del sueño, y en investigaciones sobre el cortisol awakening response (CAR) y el estado hipnopómpico.

 
 
 

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